Marcela es una paciente imaginaria, un ejemplo que traigo de alguien que me consulta contándome que en estos últimos años se siente un acordeón; que sube y que baja de peso según las estaciones del año; que cuando se lo propone empieza a dietar con todo, sea como sea, con el régimen que sea, logrando a costa de un gran sacrificio adelgazar, que con el paso de las semanas regresa el efecto rebote de siempre, y recupera rápidamente todos los kilos perdidos. Esta es la historia de la mayoría de las personas que hacen dieta.

Con la palabra "dieta" me refiero a aquellos planes de alimentación muy bajos en calorías, promocionados con frecuencia por celebridades famosas que aparecen en las redes o revistas de moda (por eso también se las llama dietas de moda), que en ocasiones quitan macronutrientes como pueden ser los almidones (aún las versiones integrales de harinas, panes, granos y pastas) o las grasas.

Asimismo, existe un debate interminable y aburrido sobre qué dieta funciona mejor, pero ninguna ha demostrado ser una "cura" permanente. La de la luna, la del astronauta, la de las 600 calorías, la keto, la paleo, la del metabolismo, la vegana, etc. Si las dietas restrictivas funcionaran hoy en día no tendríamos cifras tan alarmantes en el mundo.

El paradigma de "estar a dieta" es defectuoso y antinatural, pero aún así tan popular y generalizado que millones de personas en todo el mundo viven atrapadas en estos comportamientos obsoletos, a pesar de que toda la evidencia científica actual demuestra que no está permitiendo a la mayoría que las hacen llevar vidas más saludables y felices.

La industria de las dietas jamás dirá que hacer dieta no sirve, ya que mueve fortunas y es uno de los rubros más redituables en el cuidado de la salud. Es muy frecuente incluso que sus creadores recurran a culpar o avergonzar sutilmente a las personas cuando abandonan las mismas o recuperan peso, aunque esto último sea el resultado más habitual para la mayoría.

No creo que los profesionales que promueven seguir planes restrictivos de descenso de peso sean malvados o busquen perjudicar; es solo que "hacer dieta" está muy arraigado en nuestra cultura, y la gran mayoría de las personas siguen demandando estas opciones como medio para alcanzar la tan anhelada felicidad.

A continuación, presento algunos de los indicios que nos permitirán reconocer cuando un plan o programa alimentario es en realidad una dieta restrictiva, incluso si sus creadores digan que no lo sea.

1. El éxito se centra 100% en la pérdida de peso más que en el bienestar.

2. Hay un control externo (un profesional), que dice todo lo que hay que hacer, a quién se le rinde cuentas de todo el proceso, que hasta te reta si no haces lo que te dice… (no es chiste).

3. Pesarse en la consulta es fundamental para el tratamiento.

4. Se piensa en kilos perdidos, en lugar de comportamientos saludables aprendidos.

5. Los alimentos están etiquetados como buenos/malos, o permitidos/no permitidos.

6. Debés planificar tus comidas con días de anticipación o seguir un plan de comidas predeterminado.

7. Te proponen consumir alimentos o ingredientes que no crecen ni son autóctonos de nuestra geografía, ni de nuestras tradiciones, ni de nuestra cultura; por ejemplo: cuando no piden usar aceite de palma, incluir jamón de bellotas, incluir algas, etc.

8. Se trata de escribir todo lo que comés, pesar, medir o contar calorías.

9. Te proponen comer sustitutos de alimentos reales (batidos, barras, polvos, golosinas diet, etc).

10. Ciertos alimentos se consideran premios o merecimientos y, por lo tanto, se hacen más deseables e incluso tentadores.

11. Hay días de "permitidos" o días "con permisos".

12. Hay reglas fijas establecidas, como podría ser: "nunca saltear las colaciones", "siempre tomar medio litro de agua antes de cada comida", o "comer estrictamente cada tres horas".

13. Los minutos de ejercicio se convierten en calorías o equivalentes de alimentos.

14. El ejercicio se convierte en un castigo por haber comido de más; se usa como penitencia por comer algo "malo", o como compensatorio por lo que se va a comer en un rato.

15. Hay una fase de pérdida de peso y una fase de mantenimiento; que en otras palabras, y aunque jamás quienes lo indiquen lo digan: estarás a dieta por el resto de tu vida.

16. Mientras estés "a dieta", te encontrarás pensando en la comida con frecuencia.

17. Anhelás o extrañás ciertos alimentos, y luego te sentís culpable si los comés.

18. Se te propone evitar ciertos lugares, personas o eventos por las "tentaciones".

19. Te das cuenta que comés de manera diferente en privado que en público para evitar comentarios, juicios y críticas.

20. Cuando alguien hace dieta en exceso, luego come en exceso, y se la pasa pensando y hablando sobre comida todo el tiempo.

La cultura de la dieta de forma invisible nos enseña que no podemos confiar en nosotros mismos y nos entrena para seguir las reglas que te proponen cumplir. Debido a que no confiamos en nosotros mismos, da miedo comer cuando no hay reglas. El problema es que las reglas de dieta a menudo desencadenan resistencia y culpa, todos desencadenantes del círculo vicioso restricción-compulsión por la comida, es decir, por haber limitado tanto la ingesta, al poco tiempo (días) se ponen en marcha mecanismo bioquímicos que llevan a uno a no poder detenerse ante la comida tentadora. "Hacer dieta" es ineficaz ya que promueve la idea que si no controlamos el comportamiento, se estará fuera de control.

El movimiento No dieta

La búsqueda de la delgadez haciendo dieta es la puerta de entrada a los trastornos de la conducta alimentaria. Hoy en día los profesionales de la salud sabemos que esto es así. Aunque hay muchos factores que propician el desarrollo de estos desórdenes, el que está más presente y desencadena los trastornos de la conducta alimentaria es el estar a dieta (vivir dietando).

Ante esta problemática en expansión, en 1992, la inglesa Mary Evans Young fundó el movimiento No Dieta, luego de sentirse indignada por una serie de suicidios de mujeres jóvenes que no podían soportar "ser gordas".

Desde entonces muchas opciones han surgido con un enfoque no dietante, para guiar a las personas hacia una relación flexible, sostenible y satisfactoria con los alimentos al volver a aprender a tomar decisiones basadas en la sabiduría de su propio cuerpo en cualquier situación.

Lo más aconsejable es enseñar un enfoque de adentro hacia afuera, es decir, que la persona aprenda a confiar más en sí misma y a escucharse mejor.

Comer mindfulness

A nivel mundial la práctica de mindfulness (atención plena) está cambiando la vida de cada vez más gente. Además de todos los beneficios que aporta esta práctica para el manejo del estrés y ansiedad, también podemos llevarla al momento de la comida, donde la alimentación consciente (mindful eating) se la estudia y presenta como una opción contenedora y amable para que las personas puedan aprender a estar a cargo de sus propias decisiones. La alimentación consciente está aumentando rápidamente en popularidad como un enfoque de sentido común para resolver innumerables problemas relacionados con la alimentación. Es particularmente eficaz para entender y regular el comer emocional que tan a menudo se dispara cuando alguien sigue una alimentación restrictiva.

Las habilidades de mindfulness en la alimentación permiten:

✔ Ser más consciente de las propias señales físicas de hambre y saciedad y de cómo se siente cuando come diferentes tipos y cantidades de alimentos.

✔Aprender a darse cuenta de los propios estados de la mente (pensamientos, creencias, emociones, impulsos) sin quedar uno atrapado en ellos.

✔Observar la apariencia, los aromas, los sabores y las texturas de los alimentos que seleccione.

✔Ser consciente de qué y cuánto se está a punto de comer.

✔Sintonizar con las señales del cuerpo para practicar el cuidado personal, como descansar cuando uno está cansado, tomar un descanso cuando se siente estrés, conectarse con los demás cuando se sienta aburrido o solo, dar un paseo cuando sea necesario, sentir el cuerpo mientras uno se mueve.

✔Momento a momento, darse cuenta de los efectos de las elecciones que uno realiza y cuanto permite que esa conciencia afectará las elecciones que uno haga en el futuro.

A lo largo del tiempo uno descubre que tiene un experto interior que lo guía naturalmente hacia el equilibrio, la variedad y la moderación. Es cierto que aunque los conceptos sean simples, no siempre es fácil ponerlos en práctica. Es que comer es un comportamiento sumamente complejo, ya que en el confluyen factores ambientales, psicológicos, simbólicos y emocionales: que es tanta información que recibimos que no hacemos más que comer la mayoría de las veces en piloto automático.

Los paradigmas son notoriamente difíciles de traspasar, y aún más dejar de creer en ellos. Sin embargo, innumerables personas actualmente vienen apostando por un cambio sensato y para siempre.

*El autor es médico especialista en nutrición, autor del libro Comer Despierto y director del espacio www.comerdespierto.com.

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